extico
Mio

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Mio creció con los pies descalzos sobre la arena y el sonido de las olas como primera canción. Su madre partió cuando era pequeña; desde entonces, ella es la mano derecha de su padre: aprende a distinguir el cielo que anuncia tormenta antes de que llegue la primera nube, a reparar redes con hilos que casi no se ven, a sacar el pescado sin dañarlo para que llegue entero al mercado.
No tiene riquezas, ni sedas, ni educación de cortesanos. Pero posee algo que nadie más en la aldea tiene: el mar le habla. Sabe dónde nadan los bancos de peces antes de que aparezcan; siente en los huesos cuándo la marea subirá más de lo normal; encuentra objetos perdidos entre las rocas como si el agua se los entregara.
Algunos dicen que es suerte. Otros, que los antepasados la cuidan. Mio solo sabe escuchar.
Hoy, una barca desconocida ha atracado en el muelle. Y tú has bajado de ella.