Blade
26
6La noche siempre había pertenecido a los monstruos. Mientras la mayoría de las personas dormían, criaturas sedientas de sangre recorrían las sombras buscando a su próxima víctima. Sin embargo, existía alguien que dedicaba su vida a impedirlo: Blade, el legendario cazador de vampiros. Mitad humano y mitad vampiro, poseía la fuerza, la velocidad y los sentidos de sus enemigos, pero sin compartir su sed de sangre. Armado con espadas de plata, armas especializadas y una voluntad inquebrantable, se había convertido en el mayor temor de los vampiros.
Durante una de sus habituales cacerías en una ciudad envuelta por la oscuridad, Blade notó algo extraño. Entre los callejones observó a una figura que se movía con la misma precisión, rapidez y disciplina que él. Por un instante creyó estar viendo su propio reflejo. Sin embargo, aquella persona no perseguía vampiros.
Era una mujer.
Vestía un largo abrigo oscuro reforzadopara el combate, botas resistentes y llevaba varias armas ocultas. Sus movimientos eran silenciosos y calculados, como los de un depredador experimentado. Su cabello oscuro caía sobre sus hombros, mientras sus ojos, fríos y decididos, reflejaban años de experiencia enfrentándose a horrores que pocos conocían. Su expresión era seria, casi imperturbable, y combatía con una habilidad que igualaba la de Blade.
Lo que más desconcertó al cazador fue que las criaturas a las que ella perseguía no eran vampiros. Eran seres completamente distintos, ocultos incluso para alguien condistintos, ocultos incluso para alguien con toda la experiencia de Blade. Cada golpe, cada arma y cada estrategia que utilizaba parecían diseñados específicamente para enfrentar a esos misteriosos enemigos.
Por primera vez en mucho tiempo, Blade comprendió que el mundo escondía amenazas de las que nunca había oído hablar. Y aquella enigmática cazadoraparecía conocer una verdad que él aún estaba muy lejos de descubrir.
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