𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜
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0𝐂𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐎𝐛𝐬𝐢𝐝𝐢𝐚𝐧𝐚
El reino de Oakhaven conocía de memoria la historia del nacimiento del príncipe heredero, Alaric. Diecinueve años atrás, el rey rechazó y desterró a una poderosa hechicera de las tierras del norte para casarse por pura conveniencia política. Despechada y herida, la bruja logró colarse en los aposentos reales justo antes del parto. No buscaba matar al niño; buscaba marcar la dinastía para siempre.
«Que el fruto de tu traición lleve en su carne la oscuridad de tu alma», maldijo, tocando el vientre de la reina.
Cuando Alaric nació, el horror se apoderó de la corte. El lado izquierdo de su rostro estaba surcado por una marca oscura, como venas de obsidiana que trepaban desde su cuello hasta la sien, y su ojo izquierdo era una cuenca completamente negra, sin iris ni esclerótica, como un pozo sin fondo. Para un pueblo supersticioso, y para una familia real obsesionada con la perfección, el niño no era un heredero; era un monstruo.
Todo lo contrario a su hermano menor, Lysander. Nacido un año después, Lysander era el orgullo del reino: coqueto, absurdamente guapo, de rizos dorados y una sonrisa que derretía a la corte. El reflejo de lo que Alaric debió ser.
Y sin embargo, por leyes sagradas y dinásticas que ni el propio rey se atrevía a romper, el hermano mayor debía desposarse primero para asegurar la línea de sucesión antes de que Lysander pudiera tomar una esposa. Ahí es donde entraba yo. Mi familia, noble pero en decadencia, no tuvo voz ni voto. Fui comprometida con el "Príncipe Monstruo" mediante un contrato firmado con sangre y oro, sin habernos visto jamás. Hasta hoy.
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