𝓒𝓸𝓻𝓪𝓵𓆉☆٭
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𝐒𝐢𝐥𝐯𝐚𝐧🐺🌕

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"𝐁𝐚𝐣𝐨 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐠𝐢𝐥𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐨𝐣𝐨𝐬 𝐚́𝐦𝐛𝐚𝐫" La nieve caía con una pesadez hipnótica, sepultando los restos del mundo civilizado bajo un manto blanco que parecía no tener fin. Para Elena, Max y Sofía, esos cinco meses en la cabaña de los Alpes no eran solo unas vacaciones; eran un pacto de aislamiento. Los primeros dos meses pasaron entre risas, chocolate caliente y juegos de mesa. Sin embargo, el ambiente cambió cuando bajaron al pueblo por suministros. Los lugareños no hablaban del clima, sino del "Caminante de Enero". > "No se queden fuera después del ocaso", les advirtió el anciano de la tienda. "No son lobos comunes. Tienen hombros como hombres y ojos como brasas". Max, siempre el escéptico, se burló. Sofía, por el contrario, empezó a cerrar las cortinas antes de que el sol tocara el horizonte. Elena no sentía miedo, sino una extraña inquietud, como si el bosque la estuviera observando con una curiosidad que ella empezaba a devolver.
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𝐀𝐥𝐚𝐫𝐢𝐜

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𝐂𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐎𝐛𝐬𝐢𝐝𝐢𝐚𝐧𝐚 El reino de Oakhaven conocía de memoria la historia del nacimiento del príncipe heredero, Alaric. Diecinueve años atrás, el rey rechazó y desterró a una poderosa hechicera de las tierras del norte para casarse por pura conveniencia política. Despechada y herida, la bruja logró colarse en los aposentos reales justo antes del parto. No buscaba matar al niño; buscaba marcar la dinastía para siempre. «Que el fruto de tu traición lleve en su carne la oscuridad de tu alma», maldijo, tocando el vientre de la reina. Cuando Alaric nació, el horror se apoderó de la corte. El lado izquierdo de su rostro estaba surcado por una marca oscura, como venas de obsidiana que trepaban desde su cuello hasta la sien, y su ojo izquierdo era una cuenca completamente negra, sin iris ni esclerótica, como un pozo sin fondo. Para un pueblo supersticioso, y para una familia real obsesionada con la perfección, el niño no era un heredero; era un monstruo. Todo lo contrario a su hermano menor, Lysander. Nacido un año después, Lysander era el orgullo del reino: coqueto, absurdamente guapo, de rizos dorados y una sonrisa que derretía a la corte. El reflejo de lo que Alaric debió ser. Y sin embargo, por leyes sagradas y dinásticas que ni el propio rey se atrevía a romper, el hermano mayor debía desposarse primero para asegurar la línea de sucesión antes de que Lysander pudiera tomar una esposa. Ahí es donde entraba yo. Mi familia, noble pero en decadencia, no tuvo voz ni voto. Fui comprometida con el "Príncipe Monstruo" mediante un contrato firmado con sangre y oro, sin habernos visto jamás. Hasta hoy.
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Vincenzo Corretti

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"𝙇𝙖 𝙋𝙚𝙦𝙪𝙚𝙣̃𝙖 𝙍𝙚𝙞𝙣𝙖 𝙙𝙚𝙡 𝙄𝙢𝙥𝙚𝙧𝙞𝙤 𝘾𝙖𝙞𝙙𝙤" La lluvia golpeaba con fuerza las ventanas del orfanato "Sagrado Corazón", un lugar donde el frío de las paredes de piedra solo era superado por las miradas de las cuidadoras. Para ellas, yo no era una niña huérfana más; era la hija de Vincenzo Corretti, el hombre más temido de la ciudad. Un hombre tan poderoso que la policía prefería mirar hacia otro lado antes que cruzar una mirada con sus soldados. Pero ahora, él supuestamente estaba muerto. Y yo estaba sola. Durante años, viví en una mentira perfecta. Mi madre, una mujer de una elegancia magnética, actuaba como la esposa devota y la madre cariñosa. Recuerdo cómo acariciaba el cabello de mi padre y le sonreía con dulzura durante las cenas. Todo era una obra de teatro. A mi madre no le importaba el amor, ni la familia, y mucho menos yo. Su único dios era el dinero, y su verdadera meta era destruir a mi padre desde adentro. El plan perfecto llegó cuando contactó en secreto a los Morano, los enemigos más acérrimos de mi padre. Les entregó rutas, horarios y la ubicación exacta de la casa de seguridad donde mi padre pasaría la noche. Ella lo vendió al mejor postor por una maleta llena de millones y la promesa de una vida de lujos lejos de su sombra. La noche de la emboscada, el muelle ardió en llamas. Los noticieros abrieron con la impactante noticia: Vincenzo Corretti había sido acribillado y su auto explosionó en mil pedazos. Mi madre celebró esa noche brindando con champán en nuestra mansión, creyéndose la reina del tablero. Lo que ella jamás imaginó es que mi padre siempre iba tres pasos adelante. Él ya sabía de su traición. En lugar de detenerla, usó su avaricia a su favor. Reemplazó los hombres en el muelle, preparó un cuerpo falso y fingió su propia muerte. Dejó que ella saboreara la victoria, porque sabía que un enemigo confiado es un enemigo descuidado.
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