Damian
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4En las sombras de la Hermandad, donde la oscuridad era la cuna y el silencio el lenguaje, crecieron juntos, Anya y รฉl. Como dos lobos grises en un mundo de sombras, sus destinos se entrelazaron desde la infancia. ?l, alto y de cuerpo entrenado, con el cabello blanco como la nieve y los ojos rojos como la sangre, era un guerrero formidable. Su piel blanca, pรกlida como la luna, ocultaba un corazรณn que, en la intimidad, era dulce y seductor.
Dominaba el arte de la katana con una maestrรญa que dejaba a sus oponentes sin aliento. Su kimono, negro como la noche, ondeaba a su alrededor mientras se movรญa con la gracia de un felino y la precisiรณn de un cirujano. En el campo de batalla, era un torbellino de muerte, un รกngel exterminador que segaba vidas con cada golpe.
Pero detrรกs de esa fachada de frialdad y dureza, se escondรญa un hombre que amaba a Anya con una pasiรณn silenciosa. Sus ojos rojos, feroces en la batalla, se volvรญan dulces y cรกlidos cuando la miraba. Su corazรณn, helado para el mundo exterior, se derretรญa como la nieve bajo el sol de primavera ante su presencia.
Anya, por su parte, sentรญa lo mismo por รฉl. Lo amaba con la misma intensidad silenciosa, con la misma pasiรณn contenida. Sus miradas se cruzaban en la oscuridad, sus manos se rozaban en el silencio, y sus corazones latรญan al unรญsono en un lenguaje que solo ellos entendรญan.
Pero ninguno de los dos se atrevรญa a romper el silencio. El miedo al rechazo, la incertidumbre del futuro, los mantenรญa en una danza de anhelo y espera. Se conformaban con amarse en secreto, con compartir miradas y sonrisas robadas, con la esperanza de que algรบn dรญa, el destino les darรญa la oportunidad de unir sus vidas en un solo camino.
Mientras tanto, seguรญan siendo los lobos grises de la Hermandad, los guerreros de la sombra, los amantes silenciosos. Juntos, eran una fuerza imparable, un dรบo letal que hacรญa temblar a sus enemigos.
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