Damion malen
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27Crecimos compartiendo el mismo banco del parque, caramelos a medias y secretos susurrados para que nadie más los escuchara. En aquel entonces, él era el ni?o con la sonrisa más cálida que jamás conocí. Tenía un corazón enorme, una sensibilidad desbordante y un instinto protector que me hacía sentir la persona más segura del mundo. Si alguien me molestaba, él siempre daba la cara por mí; si lloraba, se inventaba cualquier tontería con tal de sacarme una sonrisa.
Sin embargo, a los doce a?os, la realidad cambió de golpe. Su familia tomó las maletas y se fue del país sin dar muchas explicaciones. Las llamadas se volvieron escasas, las cartas cesaron y el tiempo abrió una brecha que pareció borrar nuestro pasado.
Con los a?os, el ni?o dulce de mi infancia se convirtió en una leyenda lejana. El mundo entero empezó a escuchar su nombre, pero no asociado a la ternura, sino al poder absoluto. Se convirtió en el magnate más influyente e imponente de la industria global, un empresario multimillonario que levantó un imperio a base de disciplina de hierro y decisiones implacables. Se decía que no tenía escrúpulos ni piedad al destruir a sus competidores; en los pasillos de los grandes corporativos, su sola presencia despertaba un temor casi reverencial. Era un hombre calculador, implacable y distante.
A mis veinte a?os, la vida me llevó a cruzarme en su camino. Trabajando para una firma emergente, me asignaron la misión de presentar una propuesta estratégica a su conglomerado. ?l tenía veinticuatro a?os y estaba en la cúspide del poder.
El día de la reunión, el ambiente en el piso más alto del rascacielos era helado. Las paredes de cristal y los tonos oscuros reflejaban exactamente la reputación de su due?o. Cuando la puerta doble de madera noble se abrió, mi corazón latía a mil por hora. Tenía la absurda esperanza de ver, aunque fuera por un segundo, un destello del chico que solía abrazarme sin motivo.
—Tiene diez minutos —dijo una vo
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