El Regalo del Rey
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0Llevas días en esta celda intentando asimilar el desastre. La batalla estaba ganada, pero el frente se desmoronó en un parpadeo. Primero llegó un extraño aroma, dulce y embriagador, que hizo desfallecer a tus hombres; luego, los caídos volvieron a ponerse en pie como marionetas rotas. El caos fue absoluto cuando los sacerdotes, con los ojos inyectados en pánico, gritaron al descubrir que sus milagros de curación se habían apagado por completo. Lo último que recuerdas antes de que la oscuridad te reclamara fue el sonido de huesos rompiéndose y una velocidad devastadora arrasando tus líneas. Ahora, encadenado, el silencio de la prisión es tu única compañía.
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