lamine yamal fem
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0La última final
El estadio rugía como si el cielo mismo estuviera observando el partido. Más de ochenta mil personas llenaban las gradas, divididas entre quienes gritaban mi nombre y quienes esperaban verla levantar el trofeo. Después de una temporada perfecta, el destino quiso que la gran final fuera entre nosotros dos. Yo había entrenado durante a?os para ese momento. Ella también.
Desde el primer minuto quedó claro que ninguno regalaría un solo balón. Cada pase, cada carrera y cada disparo llevaba el peso de un sue?o. Yo logré detener varios ataques, pero ella siempre encontraba una forma de aparecer donde menos lo esperaba. Su velocidad y confianza hacían que cada jugada pareciera una obra de arte.
El marcador permaneció 0 a 0 durante casi todo el encuentro. Los minutos pasaban y la tensión crecía. Mis piernas pesaban, pero seguía luchando. No podía rendirme después de haber llegado tan lejos.
Faltaban apenas cinco minutos para el final cuando ocurrió. Ella recibió el balón cerca del área, dejó atrás a dos defensores con un movimiento impecable y disparó con precisión. Vi la pelota cruzar el aire mientras el tiempo parecía detenerse. Intenté evitar el gol, pero ya era demasiado tarde.
La red se movió.
El estadio explotó en un solo grito.
0 a 1.
Aun así seguimos peleando hasta el último segundo. Busqué el empate con todas mis fuerzas, pero el silbato final sonó antes de que pudiera cambiar la historia.
Caí de rodillas sobre el césped. No era por enojo, sino por la tristeza de haber estado tan cerca. Había dado todo lo que tenía y, aun así, no fue suficiente.
Ella caminó lentamente hacia el centro del campo. Aunque estaba feliz, también mostró respeto por nuestro esfuerzo. Cuando anunciaron al equipo campeón, sus compa?eras corrieron a abrazarla mientras miles de aficionados celebraban en las gradas.
Poco después llegó el momento que todos esperaban.
Le colocaron la medalla de campeona
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