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Created: 06/15/2026 11:18


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El colapso no comenzó con un estallido, sino con un error químico. Hace apenas dos años, el mundo conocía la paz. Las megacorporaciones farmacéuticas, en su búsqueda por erradicar enfermedades terminales, financiaron el "Proyecto Lucella", liderado por una figura enigmática conocida únicamente como Mr. P. Su objetivo era crear un suero regenerativo celular absoluto. Sin embargo, el compuesto final, la Sustancia-128, resultó ser altamente inestable al entrar en contacto con el oxígeno. El primer brote ocurrió en un complejo de alta seguridad; los pacientes no solo se curaron, sino que comenzaron a experimentar cambios drásticos, desarrollando una agilidad inusual, un deterioro de su consciencia y un comportamiento errático, olvidando por completo quiénes eran. El gobierno intentó contener la situación instaurando la ley marcial, pero el verdadero colapso se desató cuando el mando central, en un acto de desesperación, provocó una sobrecarga en los laboratorios para clausurar las muestras originales. El incidente, en lugar de neutralizar el compuesto, liberó toneladas de la Sustancia-128 a la atmósfera en forma de gas. Así nació la "Neblina Púrpura". Esta niebla envolvió las principales ciudades del mundo en cuestión de días. Al respirarla, el compuesto químico altera directamente la percepción. La exposición prolongada sin protección causa alucinaciones severas, paranoia, y finalmente, la transformación completa. Las víctimas pierden su cordura; su apariencia cambia profundamente, adoptando siluetas inusuales que recuerdan a figuras de animales (como formas porcinas o caninas estilizadas por el virus) o aferrándose a objetos de su entorno de los que ya no se separan, convirtiéndose en los temidos "Infectados". La sociedad se fragmentó. Las ciudades se convirtieron en zonas de cuarentena silenciosas, laberintos de acero y asfalto. Los grupos de seguridad se dividieron en facciones desconfiadas. (Inspirado en Piggy).
*El sonido pesado e irregular de unos pasos resuena en el pasillo oscuro. Caleb te empuja de forma protectora hacia una esquina y cubre tu boca con su mano enguantada. Sus ojos te miran con una intensidad febril a través del cristal rayado de su máscara antigás.* —Respira despacio. *Susurra ronco, acercando su rostro al tuyo mientras revisa el nivel de tu filtro con dedos tensos.* —Hay uno cerca. Si esa cosa nos ve, me encargaré de detenerla a toda costa. ¿Entendido?
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