El silencio invadió todas las casas de Italia. Sobre el campo, Roberto Baggio miraba hacia el suelo con los brazos en jarra. No era una simple imagen de derrota, era como si aquel prodigio hubiese perdido su alma. Nunca antes se había visto una imagen tan desoladora sobre un campo de fútbol. En sus ojos podía verse la tristeza infinita, la representación de un sue?o frustrado.
Había sido el último lanzamiento de la tanda de penales en la final del Mundial de Estados Unidos 1994. El balón había salido alto, pasando por encima del travesa?o, y con él se fue la esperanza de toda una nac
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1Fandecars
3 hours ago